La pasividad del ejército complica el “desenlace rápido” que pedía Guaidó

La Vanguardia: 

“El equilibrio entre la ayuda y la injerencia es muy delicado”, resumió el ministro de Asuntos Exteriores uruguayo Rodolfo Nin Novoa al final de la confusa reunión sobre el futuro de Venezuela en Montevideo el jueves.

El acierto de la frase no pudo quedar mejor ilustrada que por las escenas en el puente de Tienditas en la frontera de Colombia y Venezuela en la tarde del jueves, donde los primeros camiones de ayuda humanitaria procedente de EE.UU, cargados con 100 toneladas de alimentos y medicamentos, fueron recibidos como un ejército de salvación.

“El equilibrio entre la ayuda y la injerencia es muy delicado”, afirma Rodolfo Nin

 

 

Cientos de migrantes de los miles de venezolanos que se buscan la vida en esta frenética ciudad fronteriza aplaudieron y una cacofonía de bocinas se oyó en la carreta delante del puente. Una batería de canales de televisión globales registraron el paso de ocho camiones y nada menos que 300 periodistas acudieron a la rueda de prensa del embajador estadounidense en Bogotá, Kevin Whitaker, que llegó a comparar la llegada del primer convoy con la liberación de Simón Bolívar en 1813. Este “es un acto admirable igual que la campa admirable de hace 206 años”, dijo, con un fuerte acento inglés, tras pronunciar delante del puente otra invitación estadounidense a las fuerzas armadas venezolanas a sublevarse contra Nicolás Maduro.

 Pero al encontrarse en el puente –cerrado desde su construcción en el 2016 por las autoridades venezolanas y ahora con una barrera adicional de enormes containers azules colocados el martes por la noche– la decena de camiones fueron aparcados en un garaje en la entrada del puente. “Este es un puente fantasma; no se puede cruzar”, dijo Miguel Gómez, herrero colombiano de 62 años residente en Ve­nezuela hasta la crisis que llevaba un sombrero de cuero. “Si no lo reparten la mercancía se daña, ¿qué les vas a dar, un pollo podrido?”, se preguntó.

 

 

Quieren un corredor humanitario de colombianos para entrar la ayuda

Ahí está el problema para esta fase de la operación para derrocar a Maduro diseñada por un selecto grupo de la oposición de Venezuela de línea dura (según el calificativo de The Wall Street Journal ayer) en estrecha colaboración con Washington. No son los pollos los que se podrirán. Los alimentos, suplementos nutritivos envasados en cajas con la frase From the american people, están preparados para aguantar 24 meses sin estropearse. Pero tal vez los equipos de la CNN tendrán una fecha de caducidad más corta. “Va a venir un tsunami de ayuda; esta es sólo la primera gota”, dijo Lester Toledo, que representaba a Guadió durante la conferencia de prensa delante del almacén del puente de Tienditas. Menos mal –dada la negativa de Maduro a dejarla pasar– que el almacén sin estrenar del puente fantasma de Cúcuta es de 150.000 metros cuadrados con capacidad para 500 camiones, según el gobierno colombiano.

Ante la negativa del gobierno venezolano a abrir la frontera, se pretende invitar a los ciudadanos colombianos a crear un corredor humanitario para recoger la ayuda y llevarlo al otro lado de la frontera.

El embajador de EE.UU. compara la llegada del convoy con la liberación de Bolívar

 

 

Pero si los camiones no pueden entrar en Venezuela, esto no será más que un gesto simbólico para un pueblo que sufre un catastrófico desabastecimiento de bienes esenciales. “Yo acabo de venir de Maracay y te puedo decir que la ausencia de medicamentos es muy grave; mueren niños”, dijo una médico venezolana que esperaba al lado del puente.

Delante del puente de Tienditas, un grupo de migrantes venezolanos sujetaban pancartas escritas a mano que repetían los repetidos tuits de Guaidó y de Marco Rubio, el senador por Florida, instando a los militares a rebelarse: “FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana); ustedes también necesitan ayuda humanitaria”… “Soldados amigos, estamos contigo”. Pero no había indicios ayer de que los soldados venezolanos estén con ellos.

Si el puente de Tienditas per­manece cerrado y no se da pronto alguna noticia de una defección militar, las fracturas aparecerán con toda seguridad en la oposición venezolana. Porque lo cierto es que esta última operación contra Maduro –pactada por un pequeño grupo de opositores– es de muy alto riesgo. Hace falta lo que Guaidó calificó como un “desenlace rápido”. Si no se produce, sólo quedará para forzar la salida de Maduro la larga agonía del embargo petrolero y las sanciones adoptadas por la Administración Trump.

Fuente: La Vanguardia