La Pachamama acoge a los muertos en Salasaca

La Hora:

Dolor. Los familiares y amigos le dan el último adiós a la persona fallecida. (Foto: Archivo La Hora)

Para los salasacas el difunto no se va en forma definitiva, sino sigue en familia, incluso como líder.
En la parroquia salasaca, del cantón Pelileo (Tungurahua), la muerte significa volver a la ‘Pachamama’ (Madre Tierra). Es por esta razón que la comunidad realiza diferentes rituales de acuerdo con la causa final del deceso de su ser querido.

Cuando una persona fallece por accidente de tránsito o en una muerte violenta y el autor de este hecho se dio a la fuga, la comunidad práctica una ceremonia para dar con el sospechoso.

Andrés Masaquiza, perteneciente a la parroquia, cuenta que a la víctima se la vira antes de ser puesta en el ataúd, además se le amarra en el pie derecho con una tela roja, con el afán de que trate de liberar su espíritu.

“Hay casos en que las personas se han declarado culpables, dejando que el alma del afectado descanse en paz y no pene en el sector”, agrega Masaquiza.
Vigilia
Tres días es velado el difunto en el seno familiar. A quienes asisten al velorio se les brinda colada morada, la cual es preparada por las personas de tercer hasta sexto grado de consanguinidad.

“La esposa o hijos no pueden hacer esta bebida para brindar, puesto que existe el mito de que es la sangre del muerto la que se va a beber y repartir. Son las nueras las que siempre intervienen en esta tradición”, explica Masaquiza.

Luego del entierro se realiza una ‘pampa mesa’, que significa compartir ciertos alimentos ancestrales entre los más allegados del occiso. Después de esta práctica, la gente se viste de sacerdotes, monagillos y mongas, quienes van cantando por las calles y pronunciando el nombre del muerto, con el fin de que el alma vuele, indica Carmen Jerez, habitante de la parroquia.
Ornamento de tumbas
Las tumbas de los terratenientes o personas que han tenido más bienes que los demás, se destacan por la cantidad de tierra que está en el cementerio.

Cuando en el calendario, el 2 de Noviembre, Día de los Difuntos, cae domingo, los habitantes de este sector  prefieren no ir esa fecha a visitar los sepulcros de los seres queridos, ya que asumen que es una jornada de descanso.

Al otro día, decenas de familias se reúnen al pie de las tumbas para compartir los alimentos que más les gustaban a quienes les antecedieron en la partida de este mundo, lo que acompañan con un vaso de vino.

Todos llegan cargados de alimentos, los más comunes son el cuy, el conejo, las papas, el pan, el mote y las habas. Para servirse todos comparten de cada porción.

La comunidades, a pesar de que no llevan la misma sangre, tienen como objetivo ayudar al que más lo necesita, dejando un símbolo de armonía para las futuras generaciones.

Fuente: La Hora