La misión de Trujillo

El Comercio – Enrique Ayala Mora: 

Después de la década en que gobernó Rafael Correa, el Ecuador quedó preso de un sistema institucional arbitrario y abusivo que, en vez de cambiar el vergonzoso régimen del pasado, lo empeoró. Para promover la “participación ciudadana”, impuso un estilo clientelar,típico del viejo caudillismo. Con la vigencia de la Constitución correísta, el gobierno limitó las libertades, vulneró la libre expresión, persiguió a las organizaciones sociales, criminalizó la protesta, manipuló la justicia, e instauró el robo y la corrupción como nunca antes.

Tal como quedaron las cosas, era una necesidad desmontar la estructura legal e institucional del correísmo, que, usando el mal llamado “Consejo de Participación Ciudadana y Control Social” y otros mecanismos tramposos, dejó instalada una trama que le permitiría seguir controlando el poder. El propio Consejo de Participación, el Consejo Electoral, el de la judicatura, las cortes, la Contraloría, la Fiscalía, quedaron en manos de correístas que silenciarían los latrocinios y boicotearían la acción del nuevo gobierno. Como medida urgente, se convocó a una consulta popular que creó un Consejo de Participación Ciudadana transitorio, con poderes extraordinarios, cuya principal misión fue erradicar del sector público la estructura y la corrupción del correísmo y poner las bases de la institucionalización del país.

Para que presida ese organismo sui géneris, se eligió a Julio César Trujillo, un ciudadano notable por su conocimiento jurídico, experiencia y honradez, que cumplió su misión en forma ejemplar, pese a su avanzada edad y, sobre todo a la guerra sucia de insultos, calumnias y desinformación que Correa y su círculo corrupto lanzaron en su contra. Con aciertos y limitaciones, el Consejo cumplió su misión. Pero es apenas el principio de la institucionalización del Ecuador, como se vio en el informe que rindió al final de sus labores, siendo interrumpido por la agresión de los correístas que seguían consignas de su capo, abusando de libertades que ahora existen y que en su época eran atropelladas con amenazas y represión.

Trujillo sufrió un derrame cerebral masivo, precisamente el día que terminó su labor, cuando el ataque correísta fue más duro. No hace falta pensar mucho ni “politizar” su estado de salud para ver que fue consecuencia de su esfuerzo moralizador, todavía más meritorio si se considera su edad, y la campaña de Correa en su contra, que utiliza, aún ahora que está en el lecho del dolor, infamias y grotescas burlas. Cuando circule este artículo recibirá una avalancha de ataques del correísmo. Mejor que mejor. Eso será prueba de que la lucha contra la corrupción y la institucionalización del país avanzan. Serán otra prueba de que Trujillo cumplió con su misión, aún a riesgo de su vida.

Fuente: El Comercio