El Comercio – Alfredo Negrete: 
Tuárez y sus pretensiones megalómanas, la liquidación contractual que, “de taquito”, espera confiado “el Bolillo”, los efectos del último eclipse solar o el viaje urgente del presidente a Europa. Súmese, la confusión de algunos juristas que piensan que el matrimonio igualitario aprobado es obligatorio y despavoridos están escondidos. Como corolario, la enorme confusión judicial de jueces respecto a procesados, fugados y parcialmente liberados. Esto último, un resultado de la pericia de los defensores verdes ante jueces “bisoños” -también avezados-para lograr la impunidad de los sindicados. Del otro lado profesional -los buenos- hay empeño, capacidad profesional, pero carecen de una estrategia colectiva que les permita afinar el olfato político y no ser víctimas de quintas columnas. Y, a pesar de este enigmático diagnóstico, la democracia en Ecuador cumplirá 40 años.

Ha tenido de todo: tragedias y dolorosas partidas, conflictos fronterizos con nuestros héroes y caídos a cuestas, fenómenos naturales como El Niño y los terremotos, por doble ocasión cada uno. Sin embargo, en medio de la frustración y constancia, hemos logrado una estabilidad gracias a varios conductores democráticos en el poder, luchando contra el viento y marea de oposiciones golpistas. Hemos descalificado por insano – no juzgado políticamente- a un presidente elegido, desconociendo la sucesión vicepresidencial y elegido a un presidente desde el Congreso.

Como guinda, el registro en los anales del desparpajo una Corte Constitucional consideró que la reelección presidencial indefinida no afectaba a la democracia y la aprobó. Pero existen activos: se logró la convivencia democracia, aunque formal; logramos una transacción internacional aceptando una paz cruenta, pero negociada, y no impuesta como en 1942; se dio fin a un conflicto que data de la Colonia y la Independencia. Al culminar estos 40 años de estabilidad democrática formal no institucional, es posible lucubrar que ante un panorama que se ha caracterizado por su arcaísmo populista y una fragmentación atómica de partidos y movimientos queda hoy un espacio libre.

En él es posible ensayar un proceso que puede llenar el centro político descartando caudillismos o personalismos. La partida debe ser desde cero, incluyendo la renuncia de los actuales pretendientes que solo ofrecen como siempre lo mismo y guardado algún tiempo, lo que asegura grave indigestión nacional. Debiéramos estudiar, superando la sorpresa, lo sucedido en Argentina. El presidente Macri, candidato a la reelección, buscó una alianza para la vicepresidencia en sectores peronistas blandos. La líder indiscutible escogió la candidatura a la Vicepresidencia, delegando la presidencial a un personaje poco conocido. No se sabe el resultado, pero hay que dar lugar a la esperanza. En el Ecuador mientras, no se abandona el vicio de la ruleta.

Fuente: El Comercio