China deja atrás el coronavirus entre dudas

La Vanguardia:

Durante décadas, la economía china ha sido capaz de capear temporales como el ostracismo al que le condenó la matanza de Tiananmen en 1989, la crisis financiera global del 2008 o la más reciente guerra comercial con Estados Unidos.

Ahora, dos meses después de que el brote de coronavirus llevara a sus autoridades a echar el freno de mano a su poderosa maquinaria, Pekín trata de volver al tajo y recuperar el tiempo perdido. Sin embargo, arrancar le está resultando más difícil de lo previsto, con industrias a medio gas, pedidos que no llegan o millones de trabajadores con sus movimientos restringidos. Una incertidumbre que amenaza a su propio desarrollo y, de rebote, al del resto del mundo.

Actividad

Arrancar las máquinas está resultando más difícil de lo previsto

Los primeros indicadores publicados la pasada semana no invitan al optimismo. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, la producción industrial cayó un 13,5% interanual en los dos primeros meses del año, su peor registro desde hace tres décadas. Por su parte, la inversión en activos fijos se desplomó un 24,5%, otro récord a la baja, mientras que las ventas al por menor, un indicador clave del estado del consumo en la segunda mayor economía del planeta, descendió un abultado 20,5% con respecto al 2019. El desempleo subió un punto hasta situarse en el 6,2%.

Todos estos datos, que superaron cualquier expectativa por negativa que ésta fuera, confirmaron una desaceleración generalizada de la actividad económica ya presagiada por la notoria caída de los niveles de contaminación o la bajada en el tráfico marítimo, entre otros barómetros informales.

Trabajadores en la pausa para comer en una planta de Wuhan, este lunes
Trabajadores en la pausa para comer en una planta de Wuhan, este lunes (STR / AFP)

Como consecuencia, los analistas se han apresurado a revisar a la baja sus previsiones para este primer trimestre del año. Es el caso de Goldman Sachs, al que estos datos “sorprendentemente débiles” le llevaron a pronosticar una contracción del 9% del PIB, frente a su estimación previa de un crecimiento del 2,5% para este periodo. Para el conjunto del año, rebajó sus expectativas de expansión del PIB del 5,5% al 3%, la mitad que en el 2019.

A pie de calle, con la notable mejora de la situación sanitaria en el país –cero contagios locales desde el jueves– se han redoblado los llamamientos a reactivar la economía cuanto antes. Uno de los focos que más atención genera es la castigada provincia de Hubei, que quedó completamente sellada a finales de enero. En los últimos días se ha ido anunciando la reapertura progresiva de algunas fábricas, servicios de producción agrícola y otros negocios que cubren necesidades básicas.

Reanudar la producción

El Gobierno da prioridad a mantener el empleo

Aún así, se hace especial hincapié en la necesidad de mantener las medidas de precaución para evitar un rebrote, por lo que se requiere que las compañías que elaboren planes de control de epidemias, inspeccionen a sus empleados en busca de síntomas de la enfermedad y mantengan los lugares de trabajo desinfectados.

“A pesar de reanudar la producción, la prevención sigue siendo una prioridad, ya que si aparece un solo infectado entre nuestros empleados podríamos vernos forzados a suspender la producción”, explicó Jiang Tao, director general de la farmacéutica Sinopharm Chonglian de Wuhan.

Fuera de esta provincia, que acumula más del 80% de infectados y el 95% de los fallecidos en China, la situación es algo más halagüeña. De acuerdo con el viceministro de Industria, Xin Guobin, un 95% de las grandes empresas y un 60% de las pequeñas y medianas han reanudado ya su actividad. Aún así, reconoció que esas compañías todavía afrontan “escasez de fondos, personal y suministros” y que, en general, “la eficiencia del funcionamiento de la cadena industrial es baja”.

El impacto se nota ahora en las empresas europeas y americanas
El impacto se nota ahora en las empresas europeas y americanas (Thomas Lohnes / Getty)

Con economías tan importantes como la europea o la estadounidense ahora contagiadas por el
coronarivus
, uno de los principales problemas que afronta China es la reducción en la demanda externa, que está forzando a industrias como la automotriz a operar muy por debajo de su capacidad.

Otro de los problemas a los que se enfrentan son las interrupciones en las cadenas de suministro, locales e internacionales. Según un informe de la Cámara de Comercia Americana, casi un tercio de las empresas que operan en el sur manufacturero del país asegura enfrentarse a una escasez de suministros a medida que el virus se expande por todo el mundo. “Se requerirá una serie de acciones coordinadas a nivel internacional para minimizar el impacto de esta interrupción. Los eventos de hoy demuestran que nos necesitamos unos a otros, ya que ningún país puede hacerlo todo solo”, apuntó Harley Seyedin, presidente de la institución.

También preocupa el frenazo experimentado por el consumo interno, con sectores como el de la hostelería, el automovilístico y el comercio minorista, muy perjudicados por el cerrojazo de las últimas semanas. Poco a poco, la vida está volviendo a las calles chinas, pero el hecho de que a algunos trabajadores les hayan recortado el salario o la incertidumbre que generan los meses venideros hace que estén menos dispuestos a gastar.

Liquidez

Hasta 79.900 millones de euros liberarán los bancos para salir de la crisis del coronavirus

Y de remate, en el país todavía se registran problemas de movilidad. Debido a las restricciones impuestas para atajar la crisis, hace poco se estimaba que quedan unos 40 millones de empleados todavía en cuarentena o en poblaciones de difícil acceso con las que se han cortado las comunicaciones. Además, cuando llegan a su destino, a muchos les esperan otras dos semanas de aislamiento para estar seguros de que no traen consigo el patógeno. Y ya en la empresa, las normas de precaución son extremas, con el uso obligatorio de mascarillas, chequeos de temperatura y exhaustivos cuestionarios.

Aún así, las autoridades chinas insisten en que el impacto de la epidemia es “a corto plazo, externo y controlable”, con expertos locales asegurando que este año aún es posible crecer en torno al 6%. Por su parte, el primer ministro, Li Keqiang, subrayó hace unos días que “mantener el empleo estable es nuestra principal prioridad para este año”, un punto clave para que el Partido Comunista pueda conservar su preciada estabilidad social.

Para lograrlo, las autoridades han aprobado recortes de impuestos, exenciones fiscales, subvenciones, ayudas multimillonarias y la concesión de cupones para animar el consumo.

Transeúntes en una calle de Shanghái
Transeúntes en una calle de Shanghái (NOEL CELIS / Afp)

Mientras, el banco central chino anunció hace una semana por segunda vez en lo que va de año una rebaja en la cantidad de efectivo que algunos bancos deben mantener como reservas, lo que supone la liberación de unos 79.000 millones de dólares en liquidez. Pero como ellos mismos reconocen, será necesario echar mano de “una variedad de medidas” más amplia. “Sólo la inversión en infraestructuras y levantar las restricciones a la compra de vivienda puede funcionar a corto plazo”, señaló a este diario Alicia García Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de Natixis.

Lo que hagan y los resultados que obtengan serán a la postre una prueba de fuego para su sistema y pueden ofrecer pistas a otros países que han optado por un método de contención similar de lo que les aguarda cuando superen el pico de la epidemia. “Las medidas que han tomado Italia o España no son muy diferentes a las chinas, así que si han sido demasiado drásticas allí, también lo serán para nosotros”, señaló García Herrero.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/economia/20200325/4810612108/china-economia-crisis-coronavirus.html