Biden intenta alistar a Europa a su estrategia para hacer frente a China

La Vanguardia:

El presidente Joe Biden pondrá mañana rumbo a Europa con una doble misión: demostrar a sus aliados que Estados Unidos “está de vuelta” y alinear a las democracias para hacer frente con éxito a los grandes desafíos del momento frente a los cantos de sirena que llegan de China. Primero, sin embargo, deberá luchar contra la sombra de su predecesor, Donald Trump.

Los resultados de la última encuesta del German Marshall Fund y la fundación Bertelsmann sobre la imagen de Estados Unidos en el mundo dan una idea de las reservas con las que la opinión pública europea observa al gigante norteamericano. La reputación del país no se ha recuperado aún del golpe que supuso la gestión de la pandemia por parte de Trump. No ha habido un efecto rebote por el relevo presidencial. “Los primeros meses de la Administración Biden no han afectado a los puntos de vista de franceses y alemanes sobre la influencia de Estados Unidos en el mundo”, concluye el informe.

Para sumar el apoyo europeo a su agenda global, el inquilino de la Casa Blanca deberá luchar contra la sombra de Trump

En realidad, la brecha transatlántica empezó a agrandarse antes de la aparición del coronavirus. La última visita de Barack Obama a Europa como presidente, en verano del 2016, fue más que una despedida personal. “EE.UU. va a seguir teniendo un socio indispensable en la Unión Europea”, aseguró Obama a un continente que todavía asimilaba el resultado del referéndum del Brexit en el Reino Unido y miraba con creciente desconfianza a las elecciones que iban a tener lugar al otro lado del Atlántico.

Unos meses después, la victoria de Donald Trump enseñaba a los europeos los límites de la promesa de Obama. Lo que vinieron después fueron cuatro años de desencuentros, ataques y reproches, mensajes de aliento a los detractores de la Unión Europea y bofetadas a sus antiguos aliados, una situación que ayudó al club comunitario a asumir que debía tomar el futuro en sus propias manos y no fiarlo todo a su alianza con Estados Unidos. Trump ya no está, pero Biden deberá luchar contra la sospecha de que puede volver a ocurrir, de que el “América primero” puede volver, y Europa, dejar de ser el aliado indispensable de EE.UU. que glosaba Obama.

“Creemos que el presidente Biden emprende este viaje desde una posición de fuerza”, aseguró ayer su consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, en una rueda de prensa en la Casa Blanca en la que destacó los avances en la lucha contra la pandemia, las fuertes previsiones de crecimiento económico, que ayudarán a la recuperación global, y el amplio abanico de alianzas en todo el mundo para impulsar su agenda.

Creemos que el presidente Biden emprendre este viaje desde una posición de fuerza

Jake SullivanConsejero e Seguridad Nacional de EE.UU.

En la cumbre del G-7 que el viernes comienza en Cornualles, además de impulsar la armonización de la fiscalidad corporativa, Biden impulsará la puesta en marcha de un plan de inversiones en infraestructuras de salud, transporte y redes de internet basado en reglas y parámetros sostenibles para los países en vías de desarrollo para contrarrestar “lo que China está ofreciendo”. En sus reuniones con los líderes de la OTAN, Biden piensa hablar con sus aliados de las relaciones con Rusia, la retirada de tropas de Afganistán y desafíos emergentes, Pekín incluido.

China también estará presente en los contactos de Biden con la UE. Su objetivo, explicó Sullivan, “alinear nuestros enfoques sobre comercio y tecnología, de forma que sean las democracias y nadie más, ni China ni ninguna otra autocracia, escribe las reglas del juego en el siglo XXI”, una forma de poner sobre la mesa, de forma diplomática, el asunto de Huawei, el gigante tecnológico chino al que Washington trata de cerrar las puertas más allá de sus fronteras alegando riesgos de espionaje.

Los desacuerdos persisten en temas tan urgentes como la vacunación en los países en desarrollo: mientras Biden apuesta por suspender temporalmente las patentes, Bruselas reclama levantar las restricciones a la importación. Hay más puntos de fricción: los aranceles al aluminio, el acero y productos agrícolas europeos decretados por Trump siguen en vigor, y los viajes entre los dos continentes, suspendidos a pesar de la prometida apertura europea. Si EE.UU. ha vuelto y quiere ganarse el favor europeo, Biden tiene donde elegir.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20210608/7512406/biden-europa-estrategia-china-agenda-trump-relacion-transatlantica.html